KREATOR + CARCASS + EXODUS + NAILS
MADRID – 22 MARZO 2026
PALACIO VISTALEGRE
ORGANIZA: MADNESS LIVE
Banda clásica, estilo inmutable, ortodoxia metalera llevada al extremo, fecha única en España y acompañantes de lujo. Estaba claro que la actuación de Kreator, junto a Carcass, Exodus y Nails, iba a congregar a miles de fieles. Y así fue: pese a celebrarse en domingo y con un precio poco contenido, el Palacio Vistalegre presentó una gran entrada para presenciar una auténtica sobredosis de metal.


Porque si algo caracteriza a los seguidores de este tipo de bandas es su fidelidad inquebrantable. No importa cuándo, cómo ni con quién: cuando los clásicos llaman, el público responde


Kreator, como tantos otros nombres de su generación, ha sabido adaptarse a las exigencias de los grandes recintos. Y aunque la música sigue siendo el eje central, el apartado visual suma —y mucho— en este tipo de shows. Dos enormes gárgolas hinchables flanqueando el escenario, una batería escoltada por cuernos, llamaradas constantes, columnas de humo y confeti conformaron un espectáculo vistoso, pensado también para su impacto en imágenes y redes.


Mile Petrozza, Sami Yli-Sirniö, Jürgen Rail y Frédéric Leclercq siguen haciendo lo mismo que llevan repitiendo año tras año, y no es otro que ofrecer una descarga implacable de un thrash canónico enraizado en la pureza más extrema del género, es decir, contundencia, velocidad, agresividad y letras afiladas. Obviamente su concierto en Madrid no fue una sorpresa, el público recibió justo lo que se esperaba de una banda que se ha mantenido rabiosamente fiel a unos principios inamovibles.


Sonaron bien, llenos de potencia, con los problemas habituales de eco del Palacio Vistalegre, que afortundamente no empañó la experiencia. La avalancha de temas cayó sin piedad: «Seven Serpents», «Hail to the Hordes», «Enemy of God» —más vigente que nunca—, «Satan Is Real», «Hate Über Alles» o «People of the Lie» sonaron como auténticos martillazos.


Petrozza no escatimó elogios hacia el público español, recordando su fidelidad histórica, y la respuesta fue inmediata. El ambiente fue creciendo con cada tema, alcanzando momentos de auténtica comunión en cortes como «Betrayer», «Kreation of the World», «Hordes of Chaos» o «Loyal to the Grave».


El fuego, omnipresente durante todo el show, convirtió en ardiente algo que ya echaba humo, y es que con esta música no hay medias tintas, no hay medios tiempos, baladas o temas ante los que tomarse un respiro, no, el concierto de Kreator fue una sucesión de cortes rabiosos rompe cuellos. La parte final del show, siempre en ascenso, fue toda una delicia con «Phatom Antichrist», «Endless Pain», «666», un «Violent Revolution» atronador y espectacular, y el cierre final con «Pleasure to Kill».

Los clásicos rara vez fallan. Y ver cómo una banda que en su día habitaba terrenos más de nicho llena recintos como Vistalegre y ofrece espectáculos de este calibre solo puede interpretarse como una victoria del metal en su forma más pura.
CARCASS
Pioneros indiscutibles del grindcore y pieza clave en la evolución del death metal melódico, Carcass salieron a escena para demostrar por qué su legado sigue tan vigente. La sobriedad de su puesta en escena contrastó con la descomunal pegada de sus canciones.


Ese contraste se hacía especialmente evidente en la figura de Jeff Walker: canoso, de pelo corto y lejos ya de la estética clásica del metal, su apariencia se acerca más a la de un contable cincuentón que a la de un frontman extremo. Por suerte, su forma de atacar el bajo y escupir cada línea sigue intacta, recordándonos que, a veces, los ojos también engañan.


Quizá la música de Carcass esté más orientada a los puristas, pudiendo resultar por momentos monótona para un público más generalista. Aun así, sus cortes más melódicos —»No Love Lost», «Carnal Forge», «Corporal Jigsore Quandary» o «Heartwork»— conectaron bien con una audiencia heterogénea en gustos. Por su parte, los más aguerridos disfrutaron de su faceta más brutal con temas como «Genital Grinder», «Exhume to Consume» o «Incarnated Solvent Abuse».


Las guitarras sonaron afiladas, con Bill Steer asumiendo gran parte del protagonismo, bien respaldado en todo momento por James Blackford. La compenetración entre ambos fue total, contribuyendo a un sonido compacto y sin fisuras.


Café para muy cafeteros.
EXODUS
Todo lo comentado para Kreator es perfectamente extensible a Exodus, otra de esas bandas incombustibles, estilísticamente pétreas y ajenas a cualquier tentación de experimentación. Si buena parte de su éxito reside precisamente en esa pureza y fidelidad a una forma de entender el thrash, ¿por qué cambiar?


¿Su concierto? Una auténtica ola avasalladora donde la velocidad, la agresividad y los riffs incisivos no dejan espacio para nada más. Rob Dukes vive cada tema con intensidad: la fiereza de su garganta transmite tanto como su incesante headbanging. Sabe perfectamente lo que demanda este tipo de música y lo proyecta con una energía arrolladora. Aunque si de presencia se trata, pocas figuras resultan tan magnéticas como la de Gary Holt, auténtico ladrón de miradas, con una forma de atacar las seis cuerdas tan agresiva como adictiva.


A su lado, Lee Altus aporta solidez a la segunda guitarra, mientras que Jack Gibson y Tom Hunting sostienen una base rítmica contundente, machacona y rebosante de fuerza.


Ocho temas que supieron a poco, y eso que apenas hubo respiro: una sucesión de trallazos sin concesiones ni palabrería, con bombazos como «Piranha», «Bonded by Blood», «The Beatings Will Continue (Until Morale Improves)», «Blacklist», «And Then There Were None», «A Lesson in Violence», «The Toxic Waltz» y «Strike of the Beast».


Un fondo de escenario dominado por un gran telón fue la única concesión visual en un concierto donde primó, por encima de todo, la contundencia.
Irreprochables.
NAILS
No es fácil ser el grupo que abre una extensa tarde de metal, y más si eres el que lleva la propuesta más extrema de la noche. La actuación de los americanos Nails, como era de esperar, fue la que congregó menor público -no ayudó que el concierto empezara a las seis de la tarde-, pese a todo, intentaron aprovechar sus pocos minutos ofreciendo un show lleno de garra.

Cierto es que sonó algo embarrado -el eco de este recinto se magnifica cuando no hay mucha gente-, pero si lo que se trataba era de calentar a la audiencia y de ofrecer una buena ración de metal contundente, cumplieron.


La música de Nails no se presta a grandes desarrollos, adornos melódicos o estribillos pegadizos; sus armas son otras: rapidez, agresividad y brutalidad. Perfectos para abrir la noche y poner al público en tensión desde el primer segundo.
Juan José Díez