Rock Fest Barcelona 2026 – Día 2: Sabaton, Helloween y Testament lideran una jornada dominada por el heavy metal clásico

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Barcelona Rock Fest

Sábado 4 de julio de 2026

Parc Can Zam, Santa Coloma de Gramanet

Por Irene Kilmister

El sábado volvíamos a Can Zam para disfrutar de una segunda jornada donde el metal clásico de bandas tan míticas como Accept, Testament o Helloween imperarían, aunque sin olvidar el death metal, el hardcore moderno y algunas de las bandas más representativas del panorama internacional.

La actividad comenzó a primera hora con Dünedain, que volvieron a demostrar el excelente momento que atraviesa la banda. Los manchegos inauguraron el Stage Fest con un concierto sólido, donde su power metal melódico fue ganando adeptos a medida que el recinto comenzaba a llenarse. Yo no se si hay dudas de que «Corazón de invierno» es un himno, ya no solo de la banda, si no del metal en general; y si alguien las tiene solo tiene que ver un cierre de Dünedain con este tema. Y justo después, Tankard hacían de las suyas sobre el Stage Rock. Los alemanes no entienden el thrash sin diversión y convirtieron su actuación en una auténtica celebración del género, combinando velocidad (mucha), riffs afilados y el habitual sentido del humor que los ha acompañado durante toda su carrera.

Uno de los primeros grandes momentos de la jornada (sobre todo para mí) llegó con Bleed From Within. Los escoceses están escalando peldaños poco a poco pero de manera muy constante, para conquistar la cima de banda más importantes del metal moderno.

Su mezcla de metalcore, groove y melodía desató los primeros grandes pogos y wall of death del día, confirmando que el relevo generacional goza de una salud extraordinaria. Vimos a Scott pasarlo relativamente mal por el calor, que azuzaba bastante más que la tarde anterior, pero en ningun momento perdió su sonrisa y su memorable actitud. Los temas de la banda sonaron como tiros, pero es que los del nuevo disco «Zenith» terminaron por convencer hasta a los asistentes más clásicos, de hecho escuché a varios afirmar que los escucharían más tranquilamente en casa.

Mientras tanto, el Rock Tent ofrecía una programación completamente diferente. Chino Banzai despertó la nostalgia entre los seguidores del rock nacional, antes de que Napalm Death transformaran el recinto en un auténtico campo de batalla. Un campo de batalla real, porque para poder entrar en la Tent había que formar un poco de pelea. La formación británica volvió a dejar claro que, más de cuatro décadas después de su nacimiento, sigue siendo una referencia absoluta del grindcore, firmando uno de los conciertos más extremos del festival.

La tarde continuaba en los main con otro clásico del metal europeo. Primal Fear ofrecieron una actuación marcada por la contundencia y la elegancia del heavy metal alemán, pero también por la curiosidad que despertaba su renovada formación. La reciente incorporación de Thalia Bellazecca a sus filas aportó frescura al sonido del grupo, reforzando aún más su ya característica solidez en directo. La química sobre el escenario fue evidente, con riffs afilados y una ejecución impecable que mantuvo el nivel de intensidad durante todo el concierto. Ralf Scheepers volvió a demostrar su potencia vocal, liderando una actuación que combinó clásicos imprescindibles con temas más recientes, dejando claro para los más incrédulos, que banda sigue evolucionando sin perder su esencia.

Preparando el terreno para uno de los nombres más esperados del día, Testament saltaron al escenario con la autoridad que les otorgan décadas de trayectoria. Los estadounidenses firmaron una auténtica exhibición de thrash metal, apoyándose también en el impulso de su último trabajo discográfico «Para Bellum», que ha sido recibido con entusiasmo tanto por crítica como por público. Las nuevas composiciones encajaron perfectamente junto a los clásicos, con una banda que sigue en plena forma creativa. La precisión instrumental, el carisma de Chuck Billy y la contundencia de su directo lo cierto es que no sorprendieron a nadie, pues Testament es una de esas bandas que sigue manteniendose a lo largo de los años incombustibles.

A medida que caía la noche, las primeras filas de Can Zam se iban haciendo cada vez más inaccesibles. Accept ofrecieron uno de los conciertos que mejor capturaron la esencia del heavy metal, con una descarga directa, sin concesiones y cargada de carácter. Desde el primer momento, la banda alemana desplegó una potencia sonora impecable, con una ejecución precisa y una actitud arrolladora sobre el escenario.

El público respondió con entusiasmo a cada uno de los himnos, coreando estribillos y entregándose por completo a una actuación que combinó experiencia, intensidad y una conexión total con los asistentes. No faltaron clásicos como «Metal Heart», «Teutonic Terror», «Restless and Wild», «Love Child», «Breaker» o «Princess of the Dawn», además de momentos especiales como «Fast as a Shark» con Ralf Scheepers a la voz o «Balls to the Wall» junto a Chuck Billy, demonstrando la hermandad de la que tanto presumimos en la familia del metal.

Su actuación fue una auténtica celebración del legado de la banda, mientras Hiraes brillaban con una voz imponente, feroz y versátil. Britta Görtz dominó el escenario con growls profundos y desgarradores, transmitiendo emoción, fuerza y una intensidad hipnótica que elevó cada canción. Su interpretación aportó carácter, personalidad y una presencia vocal arrolladora que dejó huella en el público, o al menos en una servidora que tenía completamente desconocida a la banda y que ahora ya están en mi lista de Spotify.

La recta final de la jornada estuvo dominada por dos gigantes del metal europeo. Helloween celebraron su espectacular estado de forma con un repertorio donde no faltaron algunos de los himnos más importantes de su carrera. Desde la intro que dio paso a “March of Time”, la banda dejó claro que lo suyo no era un simple concierto, sino una auténtica celebración de su legado. Un aniversario que venía cargado de nostalgia y emociones (que nos hicieron pasar por muchas ayer). El público respondió desde el primer momento, entregándose por completo a cada canción y coreando con fuerza temas como “Future World” o “This Is Tokyo”.

Uno de los momentos más impactantes llegó con “We Burn”, donde Andi Deris sorprendió al público paseandose por la pasarela y disparando un lanzallamas, acompañado de un despliegue escénico espectacular durante todo el concierto, con pirotecnia, confeti y las ya icónicas calabazas flotantes que sobrevolaban el escenario. La conexión entre los miembros de la banda fue constante, con intervenciones tanto de Kiske como de Andi Deris y Kai Hansen, que no dejaron de interactuar con el público entre canción y canción. Por cierto, yo igual es que vivo en un mundo paralelo y hay detalles que se me pierden, pero escuchar a Andi hablar en castellano perfecto me dejó impactada (ahora ya se que vive en Canarias y entiendo todo un poco más).

El repertorio continuó con clásicos como “Twilight of the Gods”, “Ride the Sky” o “Heavy Metal Is the Law”, intercalados con discursos que reforzaban el vínculo emocional con los fans. El solo de batería aportó un respiro antes de encarar la recta final, donde no faltaron himnos imprescindibles como “I Want Out” o “Dr. Stein”, que desataron la locura colectiva.

El cierre fue simplemente apoteósico, con “Keeper of the Seven Keys» que dejó al público completamente derrotado. Entre agradecimientos y despedidas, Helloween demostraron que siguen siendo una de las bandas más queridas y respetadas del metal europeo, capaces de reunir a varias generaciones bajo un mismo grito.

Cuando el reloj ya se acercaba a la medianoche, Sabaton tomaron el relevo y la cosa se puso seria de verdad. Su habitual despliegue escénico volvió a estar acompañado de fuego, petardos, efectos visuales y una producción impecable, con una escenografía que recreaba su imaginario bélico y que convirtió el escenario en un auténtico espectáculo visual. De hecho, es que Hannes tiene montada la batería ¡encima de un tanque! (increíble la verdad).

La incorporación de un coro hacia mitad del concierto aportó una dimensión adicional a su sonido, reforzando la épica de sus composiciones y elevando aún más la intensidad de cada tema. La pirotecnia, abundante pero bien medida, acompañó los momentos clave sin llegar a saturar (bueno, habrá que preguntar a las primeras filas), demostrando que la banda sabe manejar los recursos escénicos con inteligencia. Sin embargo, más allá del espectáculo, fue el repertorio el que terminó de desatar la locura colectiva: desde el arranque demoledor con «Ghost Division», uno de los temas banderas de Sabaton, hasta la contundencia de «Primo Victoria», pasando por himnos como «Bismarck», «The Last Stand», «Stormtroopers» o «To Hell and Back».

No faltaron momentos especialmente coreados como «Swedish Pagans», «Night Witche»s o «Attack of the Dead Me»n, ni guiños más recientes como «Soldier of Heaven» o «Christmas Truce», que aportaron un contraste emocional muy bien recibido. También hubo espacio para piezas como «Yamato», «Red Baron», «Great War», «Coat of Arms», «Templars», «Hordes of Khan», «Crossing the Rubicon» o «I, Emperor», configurando un setlist tan variado como efectivo. Sabaton demostraron por qué, a día de hoy, ocupan los puestos más altos de los carteles por mérito propio: una combinación de himnos incontestables, una ejecución impecable y una capacidad única para convertir cada concierto en una experiencia colectiva cargada de emoción, potencia y una épica que pocas bandas consiguen transmitir con tanta naturalidad.

Mientras tanto, Los Barones mantenían viva la esencia del rock urbano nacional en el Rock Tent y los noruegos T.N.T. fueron los encargados de despedir la jornada con una nueva dosis de hard rock melódico para los asistentes que todavía conservaban fuerzas, las que no conservábamos nosotros, que nos retiramos a descansar para lo que se viene hoy.

Me gusta que los festivales más clásicos, como es el caso de Barcelona Rock Fest, empiecen a incluir bandas más modernas en su cartel. Pero lo que me gusta de Barcelona Rock Fest es la calidad de todas las jornadas donde las bandas con más historia musical se reúnen, nos sorprenden y se hermanan para dar al público lo mejor de lo mejor cada día.

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