FIT FOR A KING + Memphis May Fire + Acres + 156/Silence
Sala Razzmatazz 2, Barcelona
29/03/2026
Por Irene Kilmister
Fit for a King, una de las propuestas más destacadas del metal moderno actual, pasaron por España esta semana para presentar su nuevo trabajo Lonely God, un disco que, para mí, se encuentra entre lo mejor de 2025.
Pero no llegaron solos. La noche arrancó con 156/Silence, encargados de abrir el cartel, seguidos por Acres, que fueron tomando el pulso a una sala que poco a poco iba entrando en calor.
Con el ambiente ya encendido y un sonido en clara mejora a medida que el recinto se iba llenando hasta rozar el sold out, fue el turno de Memphis May Fire, quienes dejaron el terreno perfectamente preparado para el plato fuerte de la noche: Fit for a King.
El caos como prólogo necesario
Los encargados de abrir la noche fueron 156/Silence, aunque —como suele pasar con los horarios traicioneros— no todo el mundo logró llegar a tiempo para verlos en plenitud. Aun así, lo que se pudo percibir fue una descarga directa de metalcore abrasivo, con ese enfoque caótico y emocional que caracteriza a la banda. Su propuesta, a medio camino entre la angustia existencial y la agresión sonora, encajó perfectamente como punto de partida. Cortos, intensos y sin concesiones: dejaron el terreno preparado, aunque con la sensación de que su impacto habría sido mayor con una sala ya más llena.


Abrieron con “Target Acquired”, tras la que sonaron temas como “Product Placement” y “High Dive in a Low Well”, la marcada dualidad entre lo visceral y lo narrativo en “Wants I Need” o el cierre con “Better Written Villain” y “Character Development (Cold Start)”


Belleza en la herida abierta
Acres fueron los primeros en encontrar una conexión real con el público. Su sonido, mucho más melódico y atmosférico, sirvió para equilibrar la balanza tras la crudeza inicial.
“Not So Different” y “Built to Bleed” desplegaron un equilibrio delicado entre vulnerabilidad y músculo, y “Bloodlust” cerró su set con una intensidad contenida, elegante, como quien sangra sin hacer ruido.


La banda británica construyó un directo sólido, apoyado en dinámicas bien medidas entre pasajes etéreos y estallidos emocionales.
A nivel técnico, su set fue de menos a más, beneficiándose claramente de una mejora progresiva en el sonido de la sala. Las guitarras ganaron definición y las voces encontraron su espacio, algo clave para un grupo que juega tanto con las texturas. Sin reinventar nada, lograron algo más importante: credibilidad y una respuesta cálida del público.


El oficio convertido en arma
Con Memphis May Fire la noche dio un salto evidente. Aquí ya hablamos de una banda con tablas, con oficio y con una capacidad clara para dominar el escenario. Desde el primer tema, “The Sinner”, su propuesta fue directa: metalcore moderno, bien estructurado, con breakdowns contundentes y estribillos diseñados para quedarse.


El setlist, bien equilibrado entre material reciente y temas más conocidos, como con “Paralyzed”, “Misery” y “Bleed Me Dry”, mantuvo una intensidad constante. Técnicamente, el sonido fue más compacto, aunque con ese punto crudo que, lejos de perjudicar, aportó cierta sensación orgánica al directo.
Matty Mullins se mostró sólido al frente, sabiendo cuándo apretar y cuándo dejar respirar a las canciones. No fue un show especialmente arriesgado, pero sí efectivo: cumplieron con precisión quirúrgica y dejaron el listón alto para el cierre.


Y entonces, la tormenta perfecta.
Fit for a King eran, sin duda, el plato fuerte de la noche, y lo demostraron desde el primer minuto. Presentando su trabajo Lonely God, uno de los discos más destacados del metal moderno reciente (y para mí uno de los mejores lanzamientos de 2025) la banda desplegó un directo potente, dinámico y perfectamente ejecutado.
El setlist combinó material nuevo – “Extinction”, “No Tomorrow”, “Shelter”— con himnos ya consolidados – “Backbreaker” o “When Everything Means Nothing”- , logrando un equilibrio que mantuvo a la sala en constante ebullición. A nivel técnico, el sonido alcanzó aquí su mejor versión: guitarras definidas, base rítmica contundente y una voz que alternó registros limpios y guturales con total solvencia.


La banda jugó bien con las dinámicas, alternando momentos de máxima intensidad con otros más melódicos sin perder cohesión. Los breakdowns, precisos y pesados, fueron recibidos como auténticos golpes colectivos. Una banda activa sobre el escenario donde cada uno de los miembros tenía claramente una coreografía sin pausas.
Algo que me llamó la atención es que, sin ser un set list extremadamente corto, la banda estuvo en el escenario apenas 55 minutos, algo que viene siendo la tendencia habitual de las últimas giras, donde la banda principal toca “poco” pero el horario de apertura es insultantemente temprano. No creo que en el caso de FFAK sea por falta de temas potentes con los que llenar el horario; aunque lo que sí que no hubo fue demasiado interacción con el público, pocas pausas entre tema y tema, pero sí, una energía que apenas si descendió en algún momento puntual, como en “Between Us”, con Ryan O’Leary (bajista) tomando los mandos y el micrófono principal.


El cierre con “Witness The End” llegaba de la misma manera que lo había hecho el inicio con “Begin the Sacrifice”, con un video proyectado en las pantallas y la sonrisa carismática de Ryan Kirby como protagonistas.
Más allá de lo técnico y sin artificios innecesarios, Fit for a King demostraron por qué están en ese punto donde dejan de ser promesa para convertirse en realidad.


Cuatro actos de una misma historia
Lo que ocurrió esa noche no fue solo una sucesión de conciertos, sino una narrativa completa del metalcore actual: desde la disonancia emocional de 156/Silence, pasando por la sensibilidad atmosférica de Acres, el músculo técnico de Memphis May Fire, hasta la consagración de Fit for a King.
Cuatro capítulos de una misma historia: la de un género que, lejos de agotarse, sigue mutando, sangrando y encontrando nuevas formas de decir lo mismo de siempre —que estamos rotos, pero seguimos aquí.
Y mientras haya escenarios así, el metal no necesitará justificarse. Solo sonar.