MEGADETH – Megadeth
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7.9/10
Reconozco que me daba miedo enfrentarme a este disco, y es que Megadeth tienen un lugar especial en mi biblioteca musical, ya que fue una de las primeras bandas «heavys» que escuché, y fue la primera gran banda (junto a Slayer) que vi en directo. Pero bueno, no quiero ponerme nostálgica ya en la primera línea porque si no no acabaremos bien.
Hay bandas que se apagan a plena vista de todo el mundo. Y luego están Megadeth, que deciden cuándo bajar el telón y cómo hacerlo.
Con Megadeth, su álbum homónimo y último trabajo de estudio, Dave Mustaine firma algo más que una despedida: firma un testamento musical, áspero, orgulloso y deliberadamente fiel a sí mismo. Publicado el 23 de enero de 2026, el disco no busca nostalgia barata ni lágrimas fáciles. Aquí no hay baladas de despedida ni miradas melancólicas al pasado. Hay thrash, ironía, rabia controlada y conciencia del legado. Lo cierto es que no vamos a escuchar nada que la banda no nos haya enseñado ya. Tampoco es necesario.
El propio concepto de titular el álbum con el nombre de la banda no es casual. Es una declaración final: esto somos, sin adjetivos ni subtítulos. Y lo hacen acompañados por una formación que funciona como un bloque sólido y experimentado: Mustaine al frente, Teemu Mäntysaari aportando precisión quirúrgica a las guitarras, James LoMenzo sosteniendo el peso con elegancia y Dirk Verbeuren demostrando por qué es uno de los baterías más fiables del metal moderno.
La producción es seca, directa y musculada, sin artificios. No intenta sonar “moderna”, ni tampoco retro: suena Megadeth, con riffs afilados, tempos cambiantes y una voz que, lejos de esconder el paso del tiempo, lo utiliza como arma expresiva.
10 temas y un regalo
El primer adelanto y, simbólicamente, la puerta de entrada al álbum es «Tipping Point». Arranca con un fraseo y un solo de guitarra explosivos antes de que la voz de Mustaine entre como un narrador cansado pero lúcido. Es thrash moderno con ADN clásico: estructura dinámica, letra directa y un mensaje claro sobre el punto de no retorno —musical y vital—. No es casual que haya sido el single: define el tono del disco.
Uno de los cortes más corrosivos a nivel lírico es «Hey God?!», en el que Mustaine vuelve a dialogar (o discutir) con lo divino, con ese sarcasmo amargo que siempre ha sido una de sus marcas. Musicalmente es más contenido, pero juega con tensiones rítmicas y silencios incómodos.
En «Let There Be Shred» no hay ambigüedad: es una carta de amor al riff. Velocidad, técnica y un guiño explícito al Megadeth más guitarrero. Mäntysaari brilla especialmente, entendiendo que no se trata de competir con Mustaine, sino de dialogar con su lenguaje. Un tema que funciona como recordatorio de por qué esta banda cambió las reglas del thrash.
Y a medio álbum nos encontramos con uno de los temas más irónicos del mismo: «Puppet Parade». Letras cargadas de crítica social y política, envueltas en una estructura casi juguetona… hasta que te das cuenta de lo afilada que es. El bajo de LoMenzo tiene aquí un protagonismo notable, aportando groove sin perder agresividad. Pero lo más importante… ¿no os suena como un nuevo «Symphony of Destruction», con esa mención sutil en el título y esas estrofas más narradas que cantadas, con esos disparos de bilis directos a la cara?
Aunque para mi, uno de los mejores temas de este trabajo es “Another Bad Day”, donde se escuchamos ese Megadeth más cansado y más honesto. Medio tiempo seco, riff noventero y una interpretación vocal cargada de ironía y desgaste vital. No busca épica ni velocidad: convierte la rutina y el desencanto en discurso. Puede que sea uno de los temas que más representa al desencanto social que nos envuelve hoy en día. Que pena.
Por otro lado «I am War» es posiblemente el corte más pesado del disco. Tempo medio, riffs densos y una interpretación vocal que suena más amenazante que veloz. Y «The Last Note» es un título no engaña. No es una balada, ni un adiós explícito, pero sí una sensación de cierre. La canción respira, se toma su tiempo y deja que el peso emocional aparezca entre líneas. Mustaine no se despide diciendo adiós: se despide dejando la última palabra colgando en el aire.
La joya. El gesto más simbólico del álbum. La reinterpretación de «Ride The Lightning» como bonus track. El tema que Mustaine coescribió junto a Hetfield, Burton y Ulrich no es una provocación ni un ajuste de cuentas: es un acto de respeto hacia el origen y sin duda un estrechamiento de manos a modo de disculpa, perdón y unión histórica. No busca reemplazar al original, sino mirarlo desde la distancia de cuatro décadas de historia. Emocionalmente, es imposible no leerlo como un círculo que se cierra. Y voy a reconocer, a riesgo de cometer calumnia y de ser «apaleada» por esto: creo que me gusta más que la original. Ala, ya lo he dicho.
Como álbum, Megadeth no es el más rápido, ni el más técnico, ni el más experimental de su catálogo. Pero sí puede ser el más consciente. Aquí no hay necesidad de demostrar nada. El disco fluye con naturalidad, alternando agresión, sarcasmo y reflexión, sin perder coherencia ni intensidad.
No es un disco diseñado para complacer a todos, y ahí reside su grandeza. Megadeth se marchan sin suavizar su carácter, sin rebajar su discurso y sin convertir su despedida en espectáculo lacrimógeno.
Track List completo:
- Tipping Point
- I Don’t Care
- Hey, God?!
- Let There Be Shred
- Puppet Parade
- Another Bad Day
- Made To Kill
- Obey The Call
- I Am War
- The Last Note
- Ride The Lightning (Bonus Track)
Gira de despedida: sin fecha de final
El lanzamiento del álbum irá acompañado de una gira de despedida, cuyos primeros tramos se anunciarán progresivamente. Por ahora, no hay fecha de finalización, ni tampoco calendario completo, lo que refuerza la sensación de que Megadeth quieren despedirse a su ritmo, sin prisas ni imposiciones. A día de hoy, tampoco hay fechas confirmadas en España.
Por Irene Kilmister.