CRÓNICA: ANATHEMA (Madrid)

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ANATHEMA

MADRID – 18 OCTUBRE

SALA JOY ESLAVA

La música de Anathema tiene tanta personalidad que resulta un poco peculiar; es tan paradójica que es necesario fijarse en sus pequeños detalles para descubrir la grandiosidad de sus composiciones y bajo estas premisas podríamos inferir que su música es más propia para una degustación sosegada en casa que para una descarga en directo, pero aquí volvemos a la paradoja, en vivo su música no pierde ni un ápice de su meticulosidad, y sus conciertos son todo un ejemplo de calidad, talento y buen gusto.

No se me ocurre un mejor recinto que Joy Eslava para un concierto de Anathema, ese aíre de elegancia que aporta el viejo teatro le va como anillo al dedo a la música de los británicos ya que rodea la música de un efectismo visual muy enriquecedor.

Con un gran disco bajo el brazo como “Weather Systems”, era de esperar que buena parte de su actuación estuviera protagonizada por los temas de este trabajo, y de hecho las dos partes de “Untouchable” fueron las encargadas de abrir la noche, unos temas que sonaron pulcros, limpios y con un volumen perfecto para disfrutar de todos sus detalles. Después llegó el turno para temas de su anterior disco “We’re here because we’re here”, tomando el protagonismo unos “Thin Air” y “Dreaming Light” que mostraron a una banda super engrasada, compacta y funcionando como un metrónomo.

Tras este comienzo prometedor, Vincent Cavanagh tomó la palabra para dirigir al abundante público unas palabras en las que daba las gracias y reconocía que era un placer tocar en un recinto tan bello, para inmediatamente hacer el primer guiño al pasado con la ejecución de “Deep”, “Emotional Winter” y “Wings of god”, que lógicamente fueron recibidos con entusiasmo, hay cosas que no cambian, pese a la evolución en su sonido y pese al reconocimiento del mismo, los temas más antiguos son los que más encendieron al público.

(foto tomada por el propio batería Daniel Cardoso)

Tras este repaso fugaz a su época del “Judgement”, vuelta a la actualidad con un sosegado “A simple mistake”, “Lighting song”, “The storm before the calm”, “The begining and the end” “Universal” y “Closer”.

Pese a que al principio la labor de su vocalista femenina Lee Douglas era un poco más de apoyo, ha ido ganando peso específico con el paso de los años, y hoy por hoy no se concibe un concierto de la banda sin el contrapunto vocal que aporta, ya que además de dar un toque más variado, logra dotar al concierto de un toque más intimista y se mete al público en el bolsillo. Lo hizo en todas las canciones en las que participó, aunque el punto culminante se lo llevó un magistral “A natural disaster”, que fue de lo más emotivo de la noche con un público entregado que levantaba la luz de sus móviles (emulando los antiguos mecheros), y un toque final muy visual con el acompañamiento de los reflejos de luz de la gran bola de cristales que comanda la discoteca. Mención aparte merecen los compases finales del tema, con el protagonismo absoluto de Lee… que “a capella” y sin instrumentos logró erizar el vello de una amplia mayoría.

Y si el concierto había ganado en emotividad con “A natural disaster”, con “Flying” se consiguió la comunión perfecta entre público y banda, una sinergia descomunal que engrandeció un tema ya de por sí sublime.

Casi dos horas cuando se retiraron por primera vez, quedaban los bises y los mejores hits. No se hicieron mucho de rogar, y así llegaron “Internal ladscapes”, y de nuevo una mirada al pasado y el consiguiente estallido de la audiencia con “Empty”.

Los actuales Anathema no se parecen gran cosa a los doomers de sus inicios, sin embargo, y sorprendentemente no han perdido el grueso de seguidores de aquella época, y todavía hoy, una parte importante de su audiencia en directo siguen siendo los heavies de antaño (el que os escribe, sin ir más lejos…), y quizá pueda entenderse como deferencia hacía los mismos la versión del “Orion” de Metallica que tocaron.

La que no esperaba en esta parte final fue el “One Last Goodbye”, todo un sorpresón con el que disfrutar de los Anathema más profundos e intimistas, aperitivo perfecto para la guinda final en forma de “Fragile Dreams”, seguido por unas palabras de Danny en las que reconocía su aprecio y reconocimiento por un público tan entregado (parecía decirlo en serio, y desde luego no sonaron como típicas palabras huecas dichas por decir).

Conciertazo, dos horas y cuarto de puro talento. Anathema es una gran banda, les sobra calidad, y merecen mucho más reconocimiento, aunque estoy seguro que con conciertos así, su masa de seguidores sólo puede ir en aumento. ¿Para cuándo el próximo?

Texto y fotos: Juan José Díez

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