CRÓNICA: NIGHTWISH + BEAST IN BLACK (Madrid) – Noviembre 2018

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NIGHTWISH + BEAST IN BLACK

MADRID – 30 DE NOVIEMBRE DE 2018

WIZINK CENTER

Nightwish, posiblemente una de las bandas más grandes en cuanto a metal sinfónico se refiere, no fue suficiente reclamo para llenar el Wizink Center madrileño en su versión más reducida sin apertura de gradas. Ni si quiera la ayuda de una banda en constante progresión como Beast In Black fue suficiente para que se colgara el cartel de no hay billetes, aunque eso sí, los tres cuartos de entrada fue suficiente para aportar el calor necesario que todo buen concierto precisa.

BEAST IN BLACK

Abrieron la noche Beast In Black, la banda surgida de la escisión de Battle Beast, que con un único disco bajo el brazo (y otro en camino), ya cuenta con una legión fiel de seguidores. Hicieron un concierto correcto, mostrándose simpáticos y ofreciendo lo que ellos mismos dijeron, “una buena noche de heavy metal”.

Sonaron bien, aunque el exceso de partes pregrabadas deslució buena parte de los temas ejecutados. Yannis Papadopoulos es un buen cantante, versátil y cuya voz es capaz de tomar tonalidades de lo más diferente, eso sí, alguien debería decirle que deje usar esa gabardina de cuero, o también llamada capa élfica…. sí, porque inmediatamente le vuelve invisible a las mujeres.

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Empezaron con “Beast in Black”, “Eternal Fire” y “Blood of a Lion”, con un Yannis implicando constantemente al público, y una banda enérgica y con ganas. “The Fifth Angel”, “Born Again” y “Ghost in the Rain” fueron las siguientes en caer, seguidas de un “Crazy, Mad, Insane” donde la banda se puso unas gafas pslicodélicas en las que aparecían las letras luminosas “INSANE” en movimiento, y ellos adoptando un papel de una especie de robots con guitarra…. cuanto menos peculiar.

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Anton Kabanen correcto, aunque en general, tanto él como Kasperi y Mate toman un papel secundario, cediendo el protagonismo casi en exclusiva a Papadopoulos.

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Para el final “Blind And Frozen” y un rápido y contundente “End of the world”, uno de los temas que más suena a Battle Beast, sobre todo por la voz.

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NIGHTWISH

He de reconocer que hubo un tiempo en que el metal sinfónico y particularmente Nightwish me entusiasmaban, hablamos de la época de Tarja Turunen, y discos como “Wishmaster”, “Century Child” y “Once”. Mi interés apenas perdió fuerza con el primer disco con de Anette Olzon, pero tras “Imaginaerum” empezaron a parecerme demasiado lineales.

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Tenía esperanzas que con Floor Jansen fuera algo distinto, pero no fue así, pese a todo, aquí estaba en este concierto para intentar conectar con la etapa en que realmente me entusiasmaron. Lamentablemente no fue así. No fue un mal concierto, sonaron bien, y hay que reconocer que en cuanto a puesta en escena y demás se lo curran, con abundancia de fuego, explosiones y una gran pantalla trasera con proyecciones que enriquecen visualmente los temas… todo un montaje de superproducción con el que sin embargo no logré conectar.

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Hoy en día me parecen una banda funcionaria, ejecuta su trabajo de forma mecánica, pero les falta pasión. Hasta el papel de una bestia escénica como Marco Hietala pasa sin pena ni gloria.

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Dos horas de concierto precedidas por una proyección en la que pidieron al público que no usaran su teléfono móvil (obviamente sin éxito), cuyo comienzo vino de la mano de “Dark Chest of Wonders”, “Wish I Had An Angel” ¿Marco, dónde está aquella fuerza que imprimías en esta canción?, y “10th Man Down”.

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Le siguieron “Come Cover Me”, “Gethsemane” y “Élan”, con una Floor Jansen cantando bien, pero sin excesivos alardes, y un poco estática, al igual que Emppu Vuorinen que ha cambiado sus antiguas poses imposibles con la guitarra por un papel más sobrio. Tuomas tras sus teclados, como siempre, llevando buena parte del peso melódico del grupo, pero en un discreto segundo plano. También destacable el pael de Troy Donockley, que ofrece una ayuda multiinstrumental inestimable, unas veces con gaita, otra con flauta y otras con una segunda guitarra.

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“Sacrament of Wilderness”, “Dead Boy’s Poem” y la canción tradicional “Elvenjig” fueron las siguientes en sonar, seguidas de “Elvenpath”, “I Want My Tears Black” donde Troy tomó la voz cantante. Los temas caían apenas sin descanso ni cháchara, con poca comunicación con el público más allá de la alusión típica a la rivalidad entre públicos de Madrid y Barcelona, así llegaron “Last Ride of The Day”, “The Carpenter”, “The Kinslayer” , “Devin & The Deep Dark Ocean” y “Nemo”, donde una proyección en forma de tiovivo inundó el wizink de un colorido super efectista.

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Para el final, “Slaying the dreamer”, “The Greatest Show on Eart” y como guinda “Ghost Love Score”.

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Correctos, pero sin más, y una confirmación personal que mi interés por el metal sinfónico pasó a la historia. Fue bonito mientras duró.

Texto y fotos: Juan José Díez

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