MAD COOL FESTIVAL
MADRID – 11 JULIO 2026
ESPACIO IBERDROLA MUSIC
La última jornada del Mad Cool Festival cerró con 48.000 asistentes, para un total de más de 200.000 a lo largo de los cuatro días, lo que demuestra la salud y pujanza del evento que, más allá de polémicas —unas razonables, otras forzadas—, se consolida como uno de los festivales más importantes del verano.
El sábado volvían a ser protagonistas los sonidos de rock más clásico, con bandas como The Black Crowes o el inclasificable Nick Cave, junto con otras propuestas como las de Kasabian, David Byrne o Pulp.
THE BLACK CROWES
Cada vez es más difícil encontrar bandas como The Black Crowes. Es un gran grupo de los de antes, de esos que exudan personalidad y carisma de forma natural, con una fuerza escénica descomunal y unos hits que navegan de generación a generación sobreviviendo a modas pasajeras.

El hecho de empezar su actuación con «Remedy» -uno de sus temas más reconocibles- demuestra también el manejo de los tiempos. ¿Hay alguien aquí que aún no nos conoce? Pum, bombazo. ¿Ahora sí? No es que fuera una hora muy propicia para un concierto de rock, más habituado al embrujo de la noche, pero incluso con el sol pegando con fuerza ofrecieron la actuación sólida y consistente que se espera de una banda de su entidad.
Guitarras, bajo, batería, hammond y coros pusieron el cuerpo musical a un espectáculo en el que siempre destaca un Chris Robinson muy bailongo y con mucho flow, es de esos tipos magnéticos que cautiva y contagia buen rollo. Su hermano Rich, responsable en gran medida del sonido de la banda, suele mantenerse más sobrio, pero clavando las partes de guitarra, sonando los «Cruel Streak», «Sting Me», «Jealaous again», «Hotel Illness», «Back luck blue ayes goodbye» pulcros y efervescentes.

«Hard to handle» consiguió el momento más intenso de la tarde, con un Chris entregado, sufriendo el calor madrileño, pero demostrando el gran frontman que es. Lo dicho, una rockstar de las de antes cuya sola presencia llena el escenario. «Soul signing», «Oh! sweet nuthin», «Thorn in my pride», «Se talks to angels» y «No speak no slave» fueron las siguientes elegidas, para acabar con un «Twice as hard» por todo lo alto.
Pese a la hora, se bailó y se disfrutó.
NICK CAVE AND THE BAD SEEDS
Hay actuaciones que suelen mutar en algo más, lo de Nick Cave & The Bad Seeds se convirtió en una experiencia cuasi religiosa desde un primer tema absolutamente apabullante, con un Nick Cave desatado que se ganó al público mimetizándose con ellos y mostrando una energía impropia de un tipo de 68 años.

Su actuación es como el espectáculo de un predicador, con las masas vibrando con su mensaje, pero como toda misa, necesita una buena dosis de credulidad por parte de la audiencia; los creyentes, se extasían, los agnósticos asisten con curiosidad y expectación a un espectáculo que no deja indiferente a nadie. El credo de Nick Cave se propagó en Mad Cool y lo hizo con ganas, con buen sonido, apoyado por una banda descomunal en la que siempre destaca otro tipo sobrado de carisma como Warren Ellis , que ya sea con la mandolina, la guitarra o el violín transmite pasión a raudales.

Dos horas de evangelio según san Nick Cave, sobrado de fuerza escénica, apoteosis sonora y cercanía, da igual que fuera cantando entre las masas, sosegado tras el piano, o clavado en el centro del escenario con esa elegancia tan marca de la casa. Entendible la pasión que desata. Uno de los conciertos más interesantes del festival.
Como ocurrió en las jornadas anteriores, la programación volvió a obligar a elegir. Mientras Nick Cave firmaba una actuación casi espiritual, Kasabian congregaba a miles de personas con un concierto mucho más directo y festivo. Dos propuestas opuestas, ambas perfectamente válidas, pero imposibles de disfrutar al completo.
Juan José Díez y S.A. Sánchez