Burning Witches – Inquisition

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BURNING WITCHES – Inquisition

Napalm Records

7/10

Burning Witches ha llegado a un punto crucial en su trayectoria. Tras años de ajustes y cambios, la formación actual —Laura Guldemond al frente, respaldada por Romana Kalkuhl y Sonia Nusselder en las guitarras, Jeanine Grob en el bajo y Lala Frischknecht en la batería— se mantiene firme desde 2019, un detalle nada menor en una banda que aspira a convertirse en referente de la escena contemporánea. Y aunque los cimientos están más sólidos que nunca, aún se percibe la tensión entre su herencia clásica y su ambición de trascenderla.

El sucesor de The Dark Tower confirma este viraje: Burning Witches ya no se conforman con ser portadoras del legado del heavy metal más ortodoxo, sino que buscan ensanchar sus fronteras. Este nuevo álbum apuesta por un enfoque más sombrío y ritual, en el que conviven estructuras de power metal, incursiones en el hard rock y un cuidado sentido de la atmósfera. La producción refuerza esa intención: guitarras afiladas pero cargadas de reverberación, una base rítmica que alterna contundencia marcial y velocidad desatada, y una voz principal que explora matices antes inexplorados, oscilando entre la ferocidad desgarrada y la expresividad melódica.

La introducción «Sanguini Hominum» funciona como prólogo ceremonial: un pasaje en latín que abre las puertas a un universo cargado de densidad ritual. De inmediato, «Soul Eater» despliega toda la agresividad con riffs incisivos y un tempo que bebe de la escuela más melódica. Frente a esto, «Shame» recupera el ADN más clásico del grupo, con un estribillo de vocación hipnótica que podría situarse en la tradición de los grandes estandartes del género.

Uno de los aciertos del álbum reside en cómo combina tradición y riesgo. «The Spell of the Skull» conserva la esencia de su heavy metal de raíz, pero envuelta en un halo oscuro que la dota de identidad contemporánea. El contraste se amplifica con «Inquisition», donde la densidad instrumental alcanza un clímax: Laura desciende a registros graves y desgarrados, mientras las guitarras construyen un muro sonoro que bordea lo opresivo.

En el apartado más teatral se erige «High Priestess of the Night», con coros polifónicos y doblajes vocales que multiplican la sensación de dramatismo, mientras «Burn in Hell» se lanza sin rodeos a un terreno más directo, casi de hard rock incendiario, evocando rebeldía.

La inevitable pausa llega con «Release Me», una balada cargada de atmósfera, donde Burning Witches demuestran que su expresividad no depende únicamente de la agresión. Aquí Guldemond revela un control dinámico notable, modulando con sutileza la transición entre vulnerabilidad y poder.

La tensión se rompe de golpe con «In for the Kill», un torbellino de dobles bombos y estribillo diseñado para levantar multitudes en directo.

El tramo final del álbum mantiene la solidez: «In the Eye of the Storm» ofrece un equilibrio medido entre pesadez rítmica y gancho melódico, mientras «Mirror, Mirror» se adentra en la veta más atmosférica y perturbadora del trabajo, explorando la dualidad que impregna toda la obra. Como colofón, «Malus Maga» funciona como un epílogo oscuro, cargado de solemnidad, que refuerza la sensación de estar asistiendo a un ritual más que a un simple cierre de disco.

En conclusión, este trabajo representa el intento más decidido de Burning Witches por expandir su lenguaje sin perder la esencia que las definió. Si bien la densidad y la insistencia en lo atmosférico pueden derivar en cierta homogeneidad, la ambición conceptual, la madurez técnica y el arrojo creativo colocan este disco como una pieza clave en su evolución. No es solo un paso adelante: es la declaración de que Burning Witches ya no son únicamente herederas del heavy clásico, sino arquitectas de un camino propio dentro del metal actual.

Por Irene Kilmister.

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