7.5/10
Anthrax – Cursum Perficio
Nuclear Blast Records
18 de septiembre de 2026
Diez años han pasado desde For All Kings. Una década en la que Anthrax han tenido tiempo suficiente para mirar atrás, revisar su propia historia y preguntarse qué hacer después de más de cuatro décadas de carrera. El resultado es Cursum Perficio, un álbum cuyo título podría interpretarse como una despedida, pero que musicalmente demuestra que Scott Ian, Joey Belladonna, Frank Bello, Charlie Benante y Jonathan Donais todavía tienen mucho que decir.
Eso sí, no estamos ante un nuevo Among the Living. Y quizá sea importante dejarlo claro desde el principio. Cursum Perficio funciona mejor cuando Anthrax dejan de intentar demostrar que son una banda de thrash y simplemente se permiten ser Anthrax. El disco combina velocidad, groove, melodía y algunos experimentos interesantes, aunque también tiene momentos en los que los desarrollos podrían haber sido algo más concisos.
“Persistence of Memory” sirve como introducción instrumental antes de que “The Long Goodbye” entre con un ritmo más pesado y contenido. Es una apertura más reflexiva que explosiva, pero encaja con esa sensación de cierre de etapa que sobrevuela el álbum. La verdadera descarga llega con “It’s For the Kids”, uno de los momentos más directos del disco, con riffs rápidos, batería contundente y esa energía que parece diseñada para funcionar especialmente bien sobre un escenario.
A partir de ahí, Cursum Perficio empieza a mostrar sus cartas. “Everybody’s Got a Plan” mantiene un enfoque más moderado, mientras “The Edge of Perfection” se convierte en una de las grandes sorpresas. Su duración permite a la banda desarrollar una canción más atmosférica y oscura, alejándose por momentos del thrash tradicional. Es precisamente en estos pasajes donde el álbum resulta más interesante: cuando Anthrax se permiten salir de su zona de confort.
“Infectious” se mueve por terrenos más lentos y pesados, mientras “NYC 93” recupera una energía más punk y callejera. La canción que da título al álbum vuelve a cambiar el ritmo y apuesta por un desarrollo más cercano al hard rock, demostrando que el disco no quiere permanecer encerrado en una única fórmula.
En la segunda mitad encontramos “T.O.M.B.” y “Watch It Go”, donde el grupo vuelve a endurecer el sonido. La recta final desemboca en “My Victory”, un cierre más melódico que funciona como conclusión natural de un álbum que, desde su propio título, parece reflexionar sobre el camino recorrido.
Cursum Perficio no es perfecto. Algunas canciones podrían haber sido más concisas y echo de menos algún riff realmente inolvidable que pueda colocarse junto a los grandes clásicos de la banda. Pero sería injusto valorar este álbum únicamente desde la nostalgia.
Después de tantos años, lo más interesante es que Anthrax todavía quieran experimentar. No siempre aciertan, pero cuando abandonan la carretera conocida aparecen algunos de los mejores momentos del disco.