CHEZ KANE – Chez Kane

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CHEZ KANE – CHEZ KANE

FRONTIERS RECORDS

9,3/10

¿Listos para un verdadero viaje hacia el pasado? La artista inglesa Chez Kane ha hecho estallar un auténtico bombazo durante estas últimas semanas con su disco debut, el cual ha llegado incluso a entrar en diferentes listas de discos más vendidos en distintos países, como Inglaterra o Alemania. Llevo prácticamente desde que salió a la luz dándole vueltas, y estoy convencido de que figurará en mi listado de álbumes del año. Fans del AOR a la vieja usanza, aquí tenéis un auténtico pecado capital a saborear gustosamente, y atención a lo que esta chica sea capaz de hacer en un futuro no muy lejano…

Chez Kane es una joven cantante inglesa que, a pesar de haber nacido ya en los años 90, nunca ha ocultado su predilección por la década de los 80. De hecho, el contenido que subía a su canal de Youtube hasta hace poco consistía en versiones de artistas de la época como Dokken, Cinderella, Cheap Trick o Dio entre tantos otros. Tras haber formado parte de la banda Kane’d, la vocalista ha emprendido su proyecto en solitario bajo el sello de Frontiers Records, en el cual ha contado con Harry Scott Elliott y James Ready a las guitarras, Nico Martin al bajo, Jay Haines a la batería y Jesse Molloy colaborando con el saxofón.

Pero, ¿por qué tanto revuelo alrededor de un nuevo álbum de una artista joven, salido de Frontiers Records? Primero, porque este disco es una de las mayores encarnaciones del sonido propio de los 80 que he escuchado desde hace muchísimos años. La producción llevada a cabo por Danny Rexon, vocalista de Crazy Lixx, ha logrado emular con altísima fidelidad este estilo de producción tan característico de antaño y que tan difícil resulta de reproducir con naturalidad en plena era digital. Se trata de la primera producción de la que se encarga el cantante sueco, el cual ha contado con Erik Martensson (Eclipse, Ammunition, WET) para la masterización. Y segundo, porque este sonido y estilo compositivo realizan una inmejorable simbiosis con la plástica voz de Chez Kane, modulada y entonada rozando la perfección. La belleza de su voz y su depurada técnica ya quedaban bien demostradas en sus covers de Youtube, y ahora han dado el salto a su propio material sin quedar malparadas, más bien al contrario.

De forma apacible y ligera, concentrando el protagonismo en la voz de Chez y la presencia del teclado (y del saxofón más adelante), arranca esta aventura ochentera con la romántica Better than love. La cantante inglesa podría haber comenzado al álbum de forma mucho más directa viendo lo que se avecina a continuación, pero en su lugar opta por seducirnos lentamente. Nos muestra su costado más elegante y nutre su voz de nostalgia, una voz que conquista instantáneamente nuestros oídos y que nos despierta el deseo de escuchar el resto del disco. Aquí es cuando All of it explota en nuestra cara y despierta una versión más intensa de la misma vocalista. Se trata de un himno hardrockero que destila energía a raudales, nutriéndose de los omnipresentes coros y de una instrumentación sin mayores complicaciones, y por supuesto de la presencia vocal de Chez. Esta chica demuestra tener algo muy difícil de lograr hoy en día, y es que realmente consigue que el oyente se la crea de verdad. Es convincente. Muestra el espíritu rebelde y la sensibilidad artística propia de los artistas de antaño, un elemento que creo que se ha ido perdiendo en general a lo largo de los años.

Rocket on the radio prosigue en una línea similar a su predecesora: un prototipo de canción de estadio made in Los Angeles, armonizando unos riffs altamente americanizados con las dulces melodías propias del AOR, algo así como lo que practicarían Vixen en sus años dorados. Le sigue Get it on, donde Chez comanda unos coros poperos que resultan inevitablemente adictivos, los cuales se repiten asiduamente durante la canción variando la tonalidad. Y hay que reconocer que, sea cual sea el tono en el que se canten, le devuelven la vida a un muerto. ¡Así se modula una voz!

Irrumpe a continuación Too late for love, un himno instantáneo, simplemente incontestable. Chez Kane se pone en la piel de las grandes figuras del AOR femenino de finales de los 80 como Robin Beck y Fiona Flanagan, regalándonos un estribillo memorable y una canción redonda que (casi 100% seguro) la acompañará el resto de su carrera musical. A estas alturas ya hemos podido alcanzar la conclusión de que el disco no gira alrededor de una sola tónica, sino que la vocalista se muestra cómoda tanto a la hora de mostrarse elegante y sobria como a la hora de desmelenarse musicalmente. En este punto aparcamos la versión explosiva para explorar las delicias nostálgicas de Defender of the heart, tema que me recuerda a las míticas bandas sonoras romanticonas de determinadas películas de los 80. Chez toma el completo protagonismo con su inmejorablemente controlada voz, pero llegado este momento también se debe remarcar el destacable solo de guitarra (desconozco si es Elliott o Ready quien lo ejecuta).

Ball n’ chain nos levanta de la silla repentinamente una vez más a través de los persistentes coros y sus melodías y riffs de guitarra, los cuales me parecen una especie de mezcla entre Bon Jovi y Talisman en este caso. El enganchoso estribillo viene precedido de un puente que genera una irresistible intensidad, un recurso con el que Chez Kane parece saber jugar a la perfección para hacer atractivas sus composiciones y dejar las espadas en todo lo alto. Con mucha más verticalidad y una mayor dosis de desparpajo, Chez y los suyos atacan la potente Midnight rendezvous, dejándonos otro corte pegadizo como la cola de impacto.

Alcanzando la recta final de este disco debut, saboreamos la dulzura del AOR sobrio y de alta clase en Die in the name of love. Chez recorre de arriba abajo todo su espectro vocal, desde melosas tonalidades bajas hasta estilizados agudos, acompañada por las sólidas joviales de teclado. ¿Y qué más podríamos esperar de cara a la canción final, después de todo lo demostrado hasta este punto? Pues otro bombazo, faltaría menos. Dead end Street pone punto y final al espectacular debut de Chez Kane a través de un dramatismo y una melancolía que se hacen exquisitamente elegantes. A nivel vocal, de composición, de instrumentación y de producción me parece un tema de 11 sobre 10, quizás el más completo del disco por encima de los singles, y las variaciones que realiza en el tramo final lo redondean todavía más. Si las canciones anteriores te hacen pensar que estás ante uno de los discos del año, este último tema despeja tus últimas dudas.

Así es, Chez Kane ha publicado el que probablemente termine siendo el mejor álbum de AOR/hard rock melódico que vayamos a escuchar este año, y añadiría que le ha pasado la mano por la cara a todo el catálogo de bandas jóvenes de Frontiers Records. Podríamos encontrarnos perfectamente ante la semilla de lo que podría ser una nueva “gran voz” del género, y un soplo de aire fresco ante su estancamiento. Su control de la voz, su entonación y modulación, junto con su convencidísima apuesta musical, me llevan a pensar que Chez Kane hubiese gozado de argumentos suficientes para competir en la liga de las Robin Beck, Fiona Flanagan, Lee Aaron, Vixen y demás artistas hace cosa de tres décadas.

Marc Paradell

9.3
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