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Crónica: Arranca la XXI edición del Resurrecion Fest entre grandes confirmaciones y agradables sorpresas – Miércoles – 1 Julio 2026

RESURRECTION FEST

MIÉRCOLES – 1 JULIO 2026

VIVEIRO

Arrancó la XXI edición del Resurrection Fest. Cuatro días en los que la pequeña población costera de Viveiro duplica su población, convirtiéndose en uno de los epicentros del metal patrio. Desde hace unos años, el «Resu» coincide en fecha con los otros dos grandes eventos metaleros del año, el Rock Fest Barcelona, y el Rock Imperium de Cartagena. La lógica diría que esta competencia podría afectar negativamente al festival, pero nada más lejos de la realidad, ya que año tras año agota los abonos en tiempo récord, superándose y batiendo datos de afluencia.

Para los que al menos lo han vivido una vez, saben que el Resurrection Fest es algo más que un festival, se vende la «experiencia». Cuatro días en los que se conjugan la música, un entorno privilegiado, la gastronomía y el buen ambiente, reforzando ese sentimiento de comunidad con un municipio que vive cada edición con entusiasmo. Un evento de estas dimensiones acarrea inconvenientes evidentes para la población local —este año, por ejemplo, se limitó el acceso a parte del puerto—, pero, en líneas generales, Viveiro recibe con los brazos abiertos el tsunami de camisetas negras que invade sus calles durante unos días.

La configuración del recinto lleva ya varios años consolidada, con sus cuatro escenarios (Main, Ritual, Chaos y Desert), la ya icónica avenida de la Resu City —con su capilla desbordada de parejas buscando su particular sacramento metalero—, una amplia zona de restauración y el espacio Pandemonium para quienes buscan un extra de comodidad. Lo que sí parece evidente es que el crecimiento del festival ha llegado a su límite. En su ubicación actual, la imposibilidad física de ganar más espacio impide aumentar el aforo y, aunque pudiera hacerse, probablemente acabaría perjudicando la comodidad y esa tan reivindicada «experiencia Resu». De hecho, en los conciertos más multitudinarios, aquellos que concentran a la mayor parte del público, la comodidad ya brilla por su ausencia y no es raro sentir cierta sensación de agobio.

Pero el Resu es Viveiro, y Viveiro es el Resu. Este festival perdería parte de su gracia y de su identidad si abandonara su actual ubicación, así que sería mejor olvidar lan ansias de crecimiento, y disfrutar de lo conseguido tras 21 años de historia. El festival está bien como está, y no debería buscarse su aumento desaforado.

Musicalmente, esta edición volvió a contar con un cartel variado en los que hubo cabida para todos los géneros del metal, desde los más melódicos hasta los más extremos. A continuación, los vividos por la redacción de Max Metal. (evidentemente no están todos, en un festival como este, es imposible cubrir el 100% de las actuaciones)

MAN WITH A MISSION

«Peculiar» es un adjetivo que surge irremediablemente a la hora de hablar de los japoneses Man With A Mission. Su música es un compendio de estilos en la que no hay límites, fusiona rock, pop, punk, electrónica, rap, metal, una amalgama de estilos en la que resulta difícil no encontrar algún elemento con el que conectar.

Aunque su concierto no estuvo mal, les faltó un poco de chispa. Acostumbrados a ver los directos que publica la banda en redes, uno esperaría un fiestón, y aunque hubo elementos movidos, su actuación fue algo más gris de los esperado. Sí, visualmente impactan con sus máscaras de lobo, pero le faltó ese punto de desmadre que uno espera de ellos.

A los «Dark Crow», «When my devil Rises», «Into the deep», «database», «Dead End in Tokyo» y demás les faltó un poco de pegada. Puede que a estas horas tempraneras, con el sol pegando, el público no estuviera del todo implicado, pero la sensación fue de que podían haber ofrecido algo más. Curiosamente, fue una versión, la de «Smells like teeen spirit» de Nirvana la que más seguimiento tuvo. Bien para ir entonándose y coger humor festivalero.

BLACK MARACAS

Lo bueno de festivales con un cartel tan amplio es que siempre se descubren bandas que estaban fuera de tu radar personal. Fue el caso de Black Maracas, una banda cuyo rock psicodélico con abundante esencia garajera encajó como un guante en el escenario Desert -el dedicado a sonidos más rocosos y alternativos-.

Aprovecharon su oportunidad demostrando todas sus virtudes, originalidad, música pasional y destreza técnica. A buen seguro que la banda liderada por Adrián «Dilly Child» Martín pasó a formar parte del catálogo de la audiencia de estas horas tempraneras.

PRESIDENT

El caso de los británicos President es bastante curioso. Es una banda que ha generado mucho «hype» desde su reciente nacimiento; sin conocer a los músicos que los integran -más allá de los rumores o evidencias que apuntan a Charlie Simpson de Busted como vocalista- y sin un álbum de larga duración bajo el brazo, comenzaron a girar y llenar recintos. En Madrid ofrecieron un show de escasa media hora que encandiló al público, y este verano están en los carteles de un puñado de festivales.

En el Resurrection Fest, con una audiencia mucho más multitudinaria, y algún que otro tema más compuesto, ofrecieron un buen show, con el atril y la gran cruz comandando el escenario, con los músicos enmascarados de negro, y con el enigmático The President dirigiendo con maestría la actuación y las masas.

Sonaron enormes, quizá ayudados por un uso muy evidente de secuencias y pistas pregrabadas, pero el resultado fue incontestable. Pocas pegas que poner a una actuación llena de buenos pelotazos, personalidad visual escénica, y una banda técnicamente impecable. El estilo de President, similar al de bandas tipo Bad Omens o Sleep Token encaja muy bien entre las nuevas generaciones metaleras, menos reacias a menospreciar partes disparadas, y como tal, fue una actuación bastante potente e interesantes.

Arrancar con «Fearless» fue todo un acierto, y los «Dionysus», «Doom Loop», «Rage», «Conclave», «Angel Wings», «Mercy», «Destroy Me» y «In the name of the father» sonaron casi idénticas -sospechosamente para algunos- al disco. Personalmente, nada que reprocharles. Disfrutable.

En grandes festivales de este tipo, hay un momento propicio para dividir el tiempo entre los múltiples escenarios de actuaciones simultáneas. Por un lado lamentas en no poder disfrutar de una actuación completa, pero por otro, palpas un poco la esencia de bandas que hasta ese momento te resultan ajenas.

El poder femenino llegó de la mano de The Pretty Wild en el escenario Ritual, con una banda que se notó feliz en su primer concierto en España. Las hermanas Wylde ofrecieron un estilo diferente, metal alternativo con muchas influencias externas, desde el pop, al deathcore. Curioso, pero lo dicho, vimos solo una parte y no pudimos profundizar. También había que ver la descarga más directa y ruda de Cardiac, que ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos, más diversión que música, pero a veces son bienvenidas estas propuestas más directas.

Y de ahí, enlace con la contundencia metalcore de Thrown, un estilo que desde hace años es preponderante en festivales como éste, que realizaron un buen concierto, aguerrido, potente, lleno de temas enérgicos y con el público entregado a la locura habitual de circlepits, crowdsurfing y demás, pero que una vez que pasa dejan poco poso para el recuerdo.

THE BROWNING

Menudo sorpresón el The Browning. Su actuación fue muy divertida, esa combinación de electrónica y metal evocó inevitablemente a Electric Callboy, y es que su paso por el Resurrection Fest fue todo un tornado de dinamismo, diversión y potencia.

La mezcla de metalcore, con partes mucho más potentes cercanas al deathcore, trufadas de electrónica hicieron la delicia entre un público entregado a estos arranques festivos. Cierto que a los puristas les sigue pareciendo raro encontrar tanta parte pregrabada, pero aún así, resultó muy muy disfrutable. Fue su primer concierto en España y prometieron volver en noviembre por una gira de salas pequeñas. Seguro que ahí explotan todas sus virtudes.

Sonaron temas como «Wake up», «Hivemind», «Deceiver», la versión «Blue (da ba dee)» masivamente coreada, bailada y vivida por la audiencia, «Soul drift» o «Carnage». Pura diversión.

A DAY TO REMEMBER

A Day To Remember es una banda de esas que nunca fallan. No es que sean un dechado de expresividad y efusividad, pero con la colección de himnos que atesoran es muy difícil que uno de sus conciertos no resulte convincente.

Exactamente bajo esos parámetros se desarrolló su concierto en Viveiro, banda súper rodada, sonido sobresaliente, temazos que forman parte de la banda sonora de una generación y todo aderezado con los adornos típicos de gran show tan demandados en la actualidad.

Ya desde el comienzo con «The Downfall of us all», y «I’m made of wax,….», «2nd sucks», o «Righ back at it again» se vio que este iba a ser uno de los grandes conciertos del día. Público super implicado, banda disfrutando sobre el escenario, e ingredientes suficientes para lograr esa comunión tan demandada en este tipo de descarga.

Tras «Bad Blood», llegó «Paranoia» y la consiguiente explosión generalizada, y es que es uno de esos temas que contagia su buen rollo, igual que el «All my friends» que es toda una declaración de intenciones. Guitarras limpias, voz clara, bajo y batería ofreciendo su dosis de potencia, y más temazos encadenados sin descanso («have faith in me», «Same Team», «Rescue me», «Flowers», «All I want», «If it means a lot of to you», o «All signs Piont to Lauderdale» entre otros).

Como momentazo, el tema compartido en el escenario con 40 fans que ganaron una invitación para vivir el concierto desde arriba. Momentazo imborrable que quedará en sus memorias. Las sonrisas generalizadas al final de su concierto, dan muestras de lo vivido. Lo dicho, siempre cumplen.

SELF DECEPTION

Otro descubrimiento y sorpresa agradable. También era su primera visita a España y dejaron muy buena impresión con su música llena de contundencia, pocos artificios y muy orientada para el bote y el disfrute.

El público cayó rendido ante la energía desbordante de lo que ellos mismos denominan «Pink Explosion». El estilo pegadizo y divertido de estos suecos conquistó al público del escenario Ritual, borrando de un plumazo el posible cansancio tras unas cuantas horas de metal encadenado.

Hubo tiempo para alegatos a favor de cuidar la salud mental, pero sobre todo su actuación estuvo caracterizada por la diversión y el movimiento, y es que los «One of us», «time’s up», «The Scandinavian dream» fueron auténticos bombazos de buen rollo, como ese gracioso «Matthew McConaughey», paradigma perfecto de lo que ofrece Self Deception. También sonaron «Hell and back», «Don’t Belong», «The Wedding», «Break» o «Fight Fire With Gasoline».

Junto con The Browning, grandes descubrimientos del día.

SABATON

Personalmente —y sí, es una opinión completamente subjetiva— nunca he entendido el éxito de Sabaton. Siempre he pensado que muy mal tiene que estar el mundo de cierto metal para que una banda como esta encabece festival tras festival. Entiendo que a parte del público le cautive su power metal de estribillos épicos, letras inspiradas en conflictos bélicos y una escenografía plagada de fuego, explosiones y grandes cañones, pero musicalmente siempre me han parecido una propuesta previsible y bastante plana.

Además, puede que causado por mis prejuicios de viejo carcamal, tampoco ayudó un sonido algo embarrado y con la voz demasiado hundida en la mezcla. Cierto que es un sonido más orgánico sin la omnipresente sobreproducción actual, pero aún así, no me pareció que tuvieran un sonido de gran banda cabeza de cartel.

Tras media hora de actuación decidimos cambiar de escenario y refugiarnos en High Vis, una descarga mucho más directa y estimulante. Mi opinión no cambió demasiado: Sabaton siguen sin decirme gran cosa y, a estas alturas, dudo mucho que eso vaya a cambiar.

Juan José Díez y S.A. Sánchez

Fotos: Resurrection Fest