Wolfmother + Mopogos
Sala Razzmatazz 2, Barcelona
17 de julio de 2026
Organiza: Get Rock
Está claro que hay conciertos que no se entienden si no se sienten. El de Wolfmother ayer en Razzmatazz 2 es, sin duda uno de ellos. Bueno, el de ayer, y si me permitís, cualquiera que podáis ver de la banda.
Las fotografías podrán inmortalizar los momentos, las luces o las poses de los músicos; los vídeos recogerán algunos riffs y parte de la energía. Pero nada de eso será capaz de transmitir la sensación que produce tener a la banda australiana delante. Porque Wolfmother es una de esas formaciones cuya verdadera dimensión solo se comprende en directo.
La cita suponía la primera parada de su gira española y Barcelona respondió como se esperaba de ella, con una Razzmatazz 2 completamente llena y con un público entregado desde mucho antes de que sonara la primera nota. Lo más llamativo fue comprobar cómo esa energía no se limitaba a las primeras filas. Desde la barrera hasta el fondo de la sala, la sensación era la misma: sonrisas, cabezas moviéndose al ritmo de cada riff y un ambiente de auténtica celebración.
Antes del plato fuerte, los encargados de abrir la noche fueron los barceloneses Mapogos, que aprovecharon la oportunidad para presentar su propuesta ante una sala ya muy concurrida. Con un repertorio formado por «No Más Trofeos», «Lionman», «La Sombra», «Espiral de la Muerte», «Cabeza Vacía», «Aléjate de Mí», «Entre Bastidores», «El Retorno», «The Queen» y «El Último Mamut», demostraron personalidad y solvencia sobre las tablas. Uno de los momentos más celebrados llegó precisamente durante «Cabeza Vacía», cuando Xammy Kilmister apareció como invitado para aportar un extra de intensidad a una actuación que dejó muy buenas sensaciones.
Pocos minutos después llegaba el momento que todos esperaban. Sin grandes artificios ni producciones mastodónticas, Andrew Stockdale y los suyos salieron al escenario dejando que fuera la música quien hablara por ellos. Bastaron los primeros compases de «Dimension» para que la sala explotara. A partir de ahí, el concierto se convirtió en una montaña rusa de hard rock psicodélico donde apenas hubo tiempo para recuperar el aliento.
La banda fue enlazando clásicos con una naturalidad pasmosa. «White Unicorn» y «Woman» confirmaron que aquellos primeros años de Wolfmother siguen siendo una fuente inagotable de himnos, mientras «Apple Tree» y «Midnight Train» mantuvieron el nivel de intensidad sin bajar las revoluciones. Lo verdaderamente impresionante, sin embargo, era comprobar la facilidad con la que los tres músicos llenaban el escenario. No hacían falta pantallas gigantes ni efectos especiales; bastaban una guitarra, un bajo, una batería y un talento descomunal para mantener a toda una sala completamente hipnotizada.
Stockdale volvió a demostrar que sigue siendo uno de esos guitarristas capaces de alternar riffs demoledores con largos desarrollos cargados de psicodelia sin perder nunca el sentido de la canción. Su voz sonó poderosa durante toda la noche, mientras la sección rítmica sostuvo cada tema con una precisión admirable. Todo parecía fluir con absoluta naturalidad, como si la improvisación y el control convivieran en perfecto equilibrio.
El repertorio continuó con «Pyramid», «Mind’s Eye», «New Moon Rising», «California Queen», «Feelin’ Love» y la siempre evocadora «Where Eagles Have Been», permitiendo que la banda transitara por todas las facetas de su sonido: desde el hard rock más directo hasta esos pasajes de clara influencia setentera donde el blues, el stoner y el rock psicodélico se entrelazan de forma orgánica.
La recta final fue sencillamente espectacular. «Vagabond» y «Colossal» prepararon el terreno para una explosión definitiva con «Joker & the Thief», recibida como el auténtico himno generacional que es. La comunión entre banda y público alcanzó entonces su punto más alto, con toda la sala cantando y saltando al unísono antes de que «Love Train» pusiera el broche definitivo a una noche difícil de olvidar.
Wolfmother no necesita reinventar el rock ni llenar el escenario de artificios para conquistar al público. Su secreto sigue siendo el mismo desde hace dos décadas: canciones enormes, músicos extraordinarios y una capacidad casi sobrenatural para convertir cada concierto en una experiencia colectiva.
Barcelona fue la primera parada de su gira española y el listón quedó altísimo para las fechas que todavía quedan por delante.
Por Irene Kilmister.