Barcelona Rock Fest
Sábado 4 de julio de 2026
Parc Can Zam, Santa Coloma de Gramanet
Por Irene Kilmister
Todo lo bueno termina, y el último día de Rock Fest Barcelona 2026 llegó con esa mezcla de cansancio y nostalgia que solo dejan los grandes festivales. La tercera jornada volvió a demostrar la enorme variedad del cartel, alternando heavy metal, punk, metalcore, death metal y hard rock hasta bien pasada la medianoche. Lamentablemente, por motivos personales, no pudimos quedarnos para disfrutar del cierre de Cavalera, una de las actuaciones más esperadas del festival.
Los primeros en tomar el escenario principal fueron Orden Ogan, que dejaron claro desde el primer minuto que no pensaban ofrecer un simple concierto de apertura. La banda alemana desplegó una producción sorprendente para un horario tan temprano, con abundante fuego, elementos escénicos y una puesta en escena que pocas formaciones reservan para las cuatro de la tarde. Su power metal épico encontró rápidamente la complicidad del público, que respondió con entusiasmo a un espectáculo que marcó el tono de toda la jornada.
Si hubo una banda que convirtió el humor en protagonista, esa fue Steel Panther. El cuarteto estadounidense volvió a demostrar que nadie entiende el glam metal como ellos. Entre bromas constantes, improvisaciones y un virtuosismo instrumental que a menudo queda eclipsado por su faceta cómica, fueron desgranando clásicos como «Eyes of a Panther», «Asian Hooker», «Death to All but Metal» o «1987». El punto culminante llegó, como era de esperar, durante «17 Girls in a Row», cuando hasta diecisiete chicas subieron (subimos) al escenario para acompañar a la banda entre bailes y sonrisas, mientras las habituales pole dancers terminaban de convertir el concierto en una auténtica fiesta.
Mientras tanto, en la Rock Tent, Rienda Suelta presentaban su nuevo trabajo ante un público que respondió con el mismo entusiasmo. Rock andaluz directo, con letras llenas de mensajes de lucha y reivindicación. Simple, claro y directo.
Uno de los momentos más esperados del día era el debut de Breaking Benjamin en nuestro país. Después de años sin poder cruzar el Atlántico debido al miedo a volar de Benjamin Burnley, la banda estadounidense por fin pisó un escenario español. Musicalmente sonaron impecables y resultó especialmente emotiva la presencia de Benjamin V, hijo del vocalista, acompañando a la banda durante el concierto. Sin embargo, pese a la calidad de canciones que funcionan perfectamente en estudio, el directo terminó resultando demasiado plano y falto de intensidad. Se echó en falta algo más de conexión con el público y una mayor contundencia escénica.
A la misma hora convivían dos propuestas completamente opuestas. Por un lado, Evaristo, uno de los grandes iconos del punk estatal. Sonaron clásicos de La Polla Records, Gatillazo y Tropa do Carallo, con himnos como «Salve», «Come Mierda»,»Delincuencia» o el imprescindible «Ellos Dicen Mierda». Incluso para quienes no conocen en profundidad su repertorio, resulta imposible no dejarse contagiar por la energía y la actitud que desprende sobre el escenario. Mientras tanto, Chevelle ofrecían una alternativa mucho más pesada y atmosférica en la Rock Tent, apoyándose en sus característicos contrastes entre melodía y contundencia.
La noche fue ganando revoluciones con Bad Religion. Hablar de ellos es hacerlo de una de las bandas más influyentes del punk rock moderno, y eso quedó patente desde el primer acorde. Sin apenas pausas entre canciones, fueron enlazando himnos como «Recipe for Hate», «21st Century (Digital Boy)», «No Control», «Punk Rock Song», «Sorrow» o un espectacular cierre con «American Jesus». Sin artificios ni grandes montajes, demostraron una vez más que cuando las canciones son tan buenas, no hace falta nada más.
Pero si hubo unos auténticos vencedores durante esta tercera jornada fueron Powerwolf. La banda alemana ofreció, probablemente, el concierto más espectacular de toda la edición. La calidad musical estuvo al mismo nivel que una producción descomunal, donde la pirotecnia, el fuego, las escenografías y las continuas performances convirtieron cada canción en un auténtico espectáculo visual.
La sorpresa llegó al comprobar que Charles Greywolf había regresado a los escenarios tras varias semanas de ausencia, reuniéndose de nuevo con la banda, mientras Dom (Lord of the Lost) vuelve a sustituir las guitarras de Matthew Greywolf. Himnos como «Amen & Attack», «»Incense & Iron», «Demons Are a Girl’s Best Friend», «We Drink Your Blood», «Sanctified With Dynamite» o el espectacular cierre con «Werewolves of Armenia» hicieron vibrar un Can Zam completamente entregado. Pocas bandas consiguen equilibrar con tanta naturalidad calidad musical, espectáculo y capacidad para conectar con el público. Sin discusión, fueron los grandes triunfadores del festival.
Después de semejante despliegue, The Offspring cambiaron completamente el registro. Los californianos apostaron por un concierto cargado de clásicos y, como viene siendo habitual, sorprendieron con varias versiones que fueron desde «Paranoid» de Black Sabbath hasta «Crazy Train» de Ozzy Osbourne, rindiendo homenaje al padre del heavy metal, o una inesperada incursión en el repertorio de Taylor Swift, hermanando así estilos completamente diferente en un solo espacio. Lejos de resultar forzado, el mensaje fue claro: la música no entiende de etiquetas.
En una época donde todavía existen demasiados prejuicios entre estilos, ver a una de las bandas más importantes del punk reivindicar esa libertad artística resulta tan refrescante como necesario. Todo ello, por supuesto, sin olvidar himnos imprescindibles como «Come Out and Play», «Pretty Fly (For a White Guy)», «The Kids Aren’t Alright», «You’re Gonna Go Far», «Kid» o «Self Esteem», que pusieron el broche final al escenario principal.
Rock Fest Barcelona se despidió dejando una sensación muy positiva. Tres jornadas repletas de grandes conciertos, una organización consolidada y un cartel capaz de reunir a varias generaciones de aficionados bajo un mismo recinto. Nosotros nos perdimos el cierre de Cavalera, pero incluso marchándonos antes de tiempo, la sensación fue la misma con la que abandonamos Can Zam cada año: ya estamos contando los días para volver.