Max Metal

CRÓNICA: ANATHEMA + MOTHER’S CAKE (Madrid)

ANATHEMA + MOTHER’S CAKE

MADRID – 9 OCTUBRE

SALA ARENA

Los que estuvisteis en el concierto podréis saber fácilmente quién soy. Soy el que estaba al lado de los tres tíos más gilipollas de todas las personas que llenaron la sala Arena. Pagar 26 euros para estar todo el rato fumando porros, chillando, grabando vídeos comentando cada canción o sacando fotos cada segundo me parece un gasto tonto. Pagar 26 euros para que quien tienes al lado esté haciendo todo eso, molestándote con el flash de la cámara, con el humo de los porros, con chillidos casi al oído y con chorradas canción tras canción me jode bastante. Pues eso: que hay crisis y esos 26 euros que tirasteis os dan para algunas chinas o para algo de coca, que se ve que tampoco le hacíais asco. Malgastad vuestro dinero pero no arruinéis el de los demás. Gracias.

Bien, tras este prólogo toca comentar los pormenores del concierto. El grupo invitado, Mother’s Cake, dejó buenas sensaciones, con largos periplos instrumentales bien coordinados y un sonido decente con su formato de trío básico. Cuajaron bien entre la gente, con una buena actitud.

El tiempo entre uno y otro grupo se alargaba. Sabíamos, por los sets de la gira, que esta vez Anathema no iban a alargarse como en las giras anteriores, en las que se marcaban 22 o 23 canciones tranquilamente. Las pruebas de los pipas con los instrumentos, y sus caras, ya hacían presagiar que el sonido no sería muy correcto. Sin embargo, nada más empezar el concierto esas sospechas trajeron algo peor: los micros principales apenas se oían, al igual que la guitarra de Vincent Cavanagh. Sí se escucharon, los dos sets de batería y percusión, en los que se fueron turnando Daniel Cardoso y John Douglas, en uno de los puntos más curiosos de la noche.

Comenzaron con las dos partes de “The lost song” y de “Untouchable”, en las que ya se intuyó que el sonido no estaba compensado. Lo que en principio quedó casi como broma (el público gritó al técnico de la sala más de una vez “Súbelo, súbelo”), acabó con gestos de cabreo de Vincent, con doble peineta incluida hacia la mesa de sonido. Es cierto que el set tampoco fue el mejor, pues canciones como “Distant satellites” o “The lost song 3” no parecen tener la misma fuerza en directo, pero otros grandes temas como “Ariel” o “A natural disaster” quedaron sepultados por el nefasto sonido. Entre los momentos más salvables quedaron el gran solo final de “Anathema”, una “Closer” muy potente y el cierre animado de “Fragile dreams”. Por lo demás, ni comparación con lo visto en otros conciertos del grupo. Ah, no quiero dejar de comentar que en un momento entre canción y canción parte del público comenzó a gritar “Ébola, ébola” con gran algarabía, ante la atónita mirada de los componentes del grupo, que no parecían entender nada de esa surrealista situación.

Me habría gustado hacer otra crónica, pero uno cuenta lo que hubo. El ambiente y la sala fueron mejorables y, todo hay que decirlo, también lo fue el set, que no la actitud, del grupo. Ahora solo queda esperar una visita posterior, o la gira de Danny Cavanagh con Anneke van Giersbergen en enero para resarcirse.

Miguel Hernández García (Fiti)