EQUILIBRIUM – Renegades

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EQUILIBRIUM – RENEGADES

NUCLEAR BLAST 

6 / 10

Cuando se reveló que había nuevo álbum en camino, la banda lo describió así: «Renegades se ha convertido nuestro álbum más personal y sin compromisos hasta la fecha». Que levante la mano ahora quien sudó y sufrió al leer esa frase. Todos sabemos qué es lo que pasa cuando aparece una sentencia así.

Junto a esa frase, viene un cambio de look en el arte y en el logo bastante impactante, así como la inclusión de Skadi Rosehurst en los teclados (¡por fin!) y de Martin “Skar” Berger a cargo del bajo y, sorprendentemente también de los pasajes limpios que el nuevo álbum ofrece. Robse Dahn ya no es el único en dar voz a la banda.

 

Esos cambios tienen sus consecuencias: desde que se lanzó el primer sencillo, “Renegades – A Lost Generation”, los fans supieron que este álbum realmente no tiene compromisos. Al instante, supimos que esa vieja etiqueta de «Epic Folk Metal» que hay en Encyclopedia Metallum ya no es válida. ¿Épico? Sí. ¿Metal? Sí, ¿Folk? No. Ya no. Y yo soy un amante del folk que descubrió a la banda con la canción “Nordheim”.

Ante esto hay dos opciones para escuchar este disco: o lo haces deseando encontrar esas partes folk que le definían (y acabas decepcionado), o piensas que es una banda totalmente nueva y pruebas a ver qué tal. Muchos fans están de acuerdo que si hubieran dejado de lado el nombre Equilibrium y hubieran empezado otro proyecto con este mismo álbum, habría sido mucho más fácil entender el cambio. Estoy de acuerdo.

Decidí enfocar este disco como una nueva banda y he encontrado esa «epicidad» que buscaba en canciones como la propia “Renegades”, “Final Tear” y “Himmel und Feuer”. Me cuesta menos, incluso, si cantan en alemán. Pero luego encontramos pasajes repetitivos y algo aburridos, como la canción “Hype Train” en general, y puntos totalmente incomprensibles como el rapeo en alemán en “Path of Destiny”, o la canción “Kawaakari – The Periphery of the Mind”, que parece realmente una mezcla de metalcore con canto de ese estilo con algunos toques folk de teclado y unos extraños gritos («Burn!» hacia la mitad de la canción) que recuerdan a Chester Bennington de Linkin Park (en paz descanse) cantando “Given Up”. De verdad que eso era lo que querían decir con «sin compromisos».

Mientras que en la primera mitad del álbum el equilibrio se mantiene entre teclados, guitarra y los dos tipos de vocalistas, todo se va al traste en canciones que resultan forzadas como el bonus “Johnny B.” o “Hype Train”. Sí, hay partes pegadizas que ayudan a que el público las cante en un concierto, pero no es suficiente para escucharlas en casa con tranquilidad.

Lo que menos me gusta es que la lírica del disco suena muchísimo más simple que en discos anteriores. Motivacionales, sí, pero versos cortos, repetitivos y que ya se han visto en Armageddon (el cual, de por sí, ya me pareció un trabajo poco inspirado).

Lo he intentado, de veras que lo he intentado. He intentado tener mi mentalidad puesta en una banda nueva. En que el folk de antaño se ha sustituido por un melodic death con toques épicos (que en realidad ya estaba ahí y, bien hecho, suena brutal aquí también). Pero hay demasiadas cosas extrañas que me hacen fruncir el ceño.

Para resumirlo de una forma muy simple: ¿Volveré a escuchar este álbum alguna vez? Muy probable. Pero solo escucharé la mitad de sus canciones.

Noel Soler

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