Armored Saint: la vindicación de la excelencia

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Tienen todo lo que hace falta para haber alcanzado el éxito: un vocalista espectacular, una puesta en escena de lo más arrasadora y unas canciones (sobre todo en su última época) que los podían haber convertido en estrellas. No fue así. Armored Saint han sido víctimas de su propia excelencia. En  estas líneas intentaremos despejar la incógnita de por qué un grupo, con todas las bazas a su favor, apenas sobrevive en las márgenes del negocio metálico.

Armored Saint son los autores de uno de los discos de heavy metal americano más grandioso de todos los tiempos, el épico “Symbol of Salvation”, un trabajo que debió haberlos convertido en estrellas pero que fue, finalmente, su epitafio, al menos en la primera parte de su carrera. Aparecidos en el principio de la década de los años ochenta, Armored Saint, comandados por el vocalista John Bush y los guitarras Dave Pritchard y Phil Sandoval, además del bajista Joey Vera, se convirtieron pronto en una leyenda viviente en una época no exenta de candidatos a esa posición. Armored Saint iban en el mismo saco que grupos tan excelentes como Lizzy Borden o Metal Church; es decir, ese terreno del heavy metal lindante con el thrash, que recibió en aquellos años el nombre de “power metal”, etiqueta muy alejada del significado que tiene en la actualidad.

Su primera intervención en disco fue la canción “Lesson well learned” en uno de los volúmenes de los míticos “Metal Massacre”, la catapulta a la fama de muchos de los  grandes combos metálicos de la siderurgia yanqui en los ochenta. Después, en 1983, lanzaron un EP con esa misma canción y otras dos. Ello les atrajo el contrato que podíamos llamar “de su vida”. El sello Chrysalis les incorporó a sus filas. Eran buenos tiempos para el heavy metal tanto en aquel lado del Atlántico como en este, Chrysalis les hizo grabar tres discos en estudio y las cosas parecían ir mejor que nunca. Pero el éxito no llegaba. “March of the saint”, “Delirus Nomad” y “Raising fear” eran tres discos muy compactos, hacedores de un heavy metal sin concesiones; pero quizá en eso, que debió haber sido una virtud, radicaba la falta de expectativas del grupo. En plenos años ochenta, las fiebres imperantes en Estados Unidos iban en dos extremos opuestos. Por un lado estaban las bandas de thrash metal de la bahía de San Francisco (Metallica, Exodus, Testament); por otro, los grupos Sleazy de Los Angeles (Motley Crüe, Cinderella, Ratt). Armored Saint no pertenecían a una categoría ni a otra. Su música se podía emparentar ligeramente con la de Manowar (recuérdese un vídeo, un tanto oportunista, en el que John Bush y sus colegas aparecían ataviados de guerreros, en una onda tipo Mad Max, la música era buena, sin embargo las imágenes son del todo olvidables); pero también les fue negado el enorme acogimiento que tuvieron los chicos de Ross the Boss.

La falta de un éxito claro, en una casa discográfica tan potente como Chrysalis, propició la expulsión del grupo tras su tercer disco en estudio, el más que aconsejable “Raising Fear”. La banda no se para un momento y mueve ficha. Sería el sello Metal Blade (donde habían grabado su primer EP) quien se interesaría por el futuro de la banda: en 1989 la formación lanza un disco en directo que pretendía reunir sus mejores canciones y llamar la atención del público metálico masivo. El disco recibió el nombre de “Saint Will Conquer”.

Mientras tanto la mala suerte se cebó con el grupo. El guitarrista Dave Prichard había sido diagnosticado de leucemia tiempo atrás, lo que no le había impedido, hasta entonces, cumplir brillantemente con su trabajo en la agrupación. Pero, finalmente, y antes de que pudieran lanzar su mejor disco de todos los tiempos, Prichard muere y la banda queda huérfana de uno de sus miembros fundamentales. Lejos de arredrarse, el resto del grupo contrata a otro hacha de aquellos años, Jeff Duncan, con quienes dan forma al que habría de ser su trabajo de despedida al menos por el momento. Aparecido en 1991 (justo antes de la eclosión del grunge), “Symbol of salvation” es, sin duda alguna, el mejor trabajo que Armored Saint lanzaron nunca, y también una de las grandes joyas escondidas del heavy metal de todos los tiempos, un disco que posteriormente Metal Blade ha lanzado en una edición especial. “Symbol…” contiene lo mejor de un grupo que ya era bastante bueno. Su tema de apertura “Reign of fire” configura todo lo que ha de venir después, un heavy metal no contaminado por ninguna de las modas de entonces, muy cercano en algunos aspectos a lo que Judas Priest habían hecho en esos mismos días con “Pain Killer”, disco al que “Symbol of salvation” no tiene nada que envidiar, y lo decimos en serio: la voz de John Bush, la gran baza de Armored Saint, destaca en este compacto como la de un cantante que siempre debió haber ocupado una primerísima fila entre las huestes de las gargantas metálicas, a la altura de Geoff Tate de Queensryche o del mismo Dio.

 

A pesar de ser una obra maestra, tampoco “Symbol of salvation” los llevó al éxito. Quizá el grupo estaba acostumbrado ya a verse en una segunda fila, y quizá –también─ la aparición de nuevas tendencias un año después los convenció de que su tiempo iba pasando. Lo cierto es que la deserción de Belladona de Antrhax hizo que la banda neoyorquina contratara a John Bush para una carrera que acabó por muchos años con la de Armored Saint. Es curioso, porque aunque todo el mundo está al tanto de los pasos dados por John Bush con los chicos de Anthrax, mucha gente desconoce una anécdota más que curiosa: a principios de los ochenta John Bush contaba con una gran fama en la Bay Area, y debido a ello seguramente, Metallica iniciaron gestiones para que se (imagen bush anthrax) uniera a ellos y conformar un quinteto a lo Judas Priest. John Bush se negó y años después Metallica dijeron que si John Bush se hubiera incorporado a Metallica “ahora el grupo sería una especie de Great White cruzado con Priest”. Cosas de la vida. De hecho, Armored Saint fue una víctima de la calidad de John Bush, de sus propias y sobresalientes capacidades como cantante. Cuando todo parecía dispuesto para el éxito con “Symbol of salvation”, la banda se disgrega. Joey Vera iría a parar a Fates Warning y el batería Phil Sandoval formó el proyecto Life after death, banda (dicen) con influencias de Thin Lizzy que nunca salió del circuito subterráneo.

El grupo había labrado una especie de leyenda a su alrededor, más en aquellos años ochenta, muy propicios a la creación de leyendas más o menos urbanas: en ese contexto, conviene recordar la aparición del grupo en una de las entregas de la saga “Hellraiser”, aquellas películas de terror, hoy olvidadas, basadas en la literatura de Clive Barker. En una de esas películas se puede contemplar a la banda tocando en un club, con su logotipo al fondo del escenario, mientras el protagonista se hunde en uno de aquellos infiernos tecnológicos.

Esta historia tiene segunda parte, pues en el año 2000 el grupo decide juntarse de nuevo para lanzar “Revelation”, también en Metal Blade, un disco casi tan brillante como “Symbol…” A pesar del tiempo transcurrido y de los proyectos paralelos de sus miembros, demostraban estar en muy buena forma. Al año siguiente lanzaron un recopilatorio de rarezas, temas de éxito y tomas alternativas; pero la historia de la banda parecía finiquitada. En 2004 aparece un DVD con material de la gira de “Symbol…”, vídeo clips y alguna otra golosina. Finalmente, la banda estuvo actuando en pequeños circuitos de locales para fans acérrimos. En todo caso, ahí quedaban dos pedazos de discos a los que todo el mundo debería echar un vistazo: Symbol of Salvation” y “Revelation”, el legado de un grupo que escribió historia sin formar parte de ella.

Y sin embargo, la historia tiene aún una tercera parte. En el año 2010, o sea como quien dice ayer, el grupo vuelve a juntarse y a editar un disco nuevo. La expulsión al parecer definitiva de John Bush en Anthrax devuelve a Armored Saint la oportunidad de demostrar por qué, sin reconocimiento, siguen siendo la mejor banda de heavy metal tradicional americano de todos los tiempos. El disco se llama “La raza”, e incomprensiblemente ha pasado inadvertido en el mercado hispano. Las webs y revistas de metal le han hecho el vacío con muy contadas excepciones. Revistas y páginas que dedican espacio a grupos de medio pelo no han efectuado el menor comentario sobre un trabajo que está a la altura de lo mejor hecho por ellos nunca. Tan bueno como “Symbol of salvation” y puede que aun mejor, “La raza” lucha por convertirse, una vez más, en un clásico oculto del género. Y, por cierto, mientras redacto estas líneas finales llegan noticias de que el grupo ha entrado en el estudio para un nuevo disco. Ya está bien, que alguien vindique a este grupo.

Emilio Morote Esquivel

 

(Este artículo, en una versión resumida, fue publicado por la revista Rock Hard en su edición española durante el año 2006; aquí ha sido rescatado por su autor para conocimiento de los fans del género metálico.)

 

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